A finales de 1920 Sergei Brukhonenko consiguió mantener con vida durante 190 minutos la cabeza amputada de un perro vivo. La cabeza del perro fue conectada a una máquina corazón-pulmón bautizada por Sergei como el “autojector”. El dispositivo que supuestamente le da la cabeza todo lo que necesita para mantenerla con vida. A pesar de las reticencias médicas y del carácter bizarro del experimento, Sergei fue pionero en la investigación y construcción de la primera máquina corazón-pulmón imprescindible posteriormente en la cirugía extra corpórea.
La carrera científica de Bryukhonenko fue bastante polémica. Se rodeó de malentendidos y acusaciones infundadas. Pero el tiempo pone las cosas en lugar apropiado, y hoy los avances del científico figuran entre los principales logros de la biología y la medicina del siglo 20.
Él experimento de Brukhonenko tuvo lugar a finales de 1928 ante una audiencia internacional de científicos en el Tercer Congreso de los fisiólogos de la URSS. Por aquél entonces las competencias internacionales abarcaban todos los campos de la ciencia, y el circo mediático y propagandístico ruso gustaba de mecanismos populistas como este ensayo.
Para demostrar que la cabeza del animal seguía con vida Brukhonenko realizó dos sencillos experimentos demostrando que respondía a determinados estímulos. Golpeó la mesa con un martillo y la cabeza se estremeció; la iluminó con una linterna y los ojos respondieron; incluso le dio de comer un trozo de queso que se deslizó por la sección del esófago. En el siguiente vídeo podemos ver la reacción del animal ante el estímulo.
El perro de Brukhonenko se hizo famoso rápidamente en toda Europa e inspiró al dramaturgo George Bernard Shaw como su musa:
“Estoy incluso tentado de tener mi propia cabeza cortada para que yo pueda seguir dictando las obras de teatro y libros sin ser molestado por la enfermedad, sin tener que vestirse ni desvestirse, sin tener que comer, sin tener nada más que hacer que no sea producir obras maestras de arte dramático y literatura. “







Junio 25, 2008 a las 7:23 am
Qué pasada. Aunque da bastante “grimilla”. Al final acabaremos todos como en futurama.
Junio 25, 2008 a las 9:15 am
[...] de Kurioso’s Weblog (en [...]
Junio 25, 2008 a las 10:00 am
me parece espantoso…
Junio 25, 2008 a las 12:23 pm
joder, la verdad es que el perro da un poco de pena.
Junio 26, 2008 a las 11:50 am
Es imposible que la cabeza del perro haga eso sin tener los músculos del cuello y mucho menos sin espina dorsal. Solo pensad en la gente que se jode la columna y no pueden hacer absolutamente nada. Vaya timo
Junio 27, 2008 a las 11:54 am
[...] http://www.youtube.com/watch?v=rSrIkUXwsNk Vito en kurioso.wordpress.com [...]
Junio 27, 2008 a las 12:20 pm
ja,ja,ja,ja! parece un episodio de Tom y Jerry, o del correcaminos y el coyote, en los que a los personajes les ocurren los accidentes más aparatosos, y por los que deberían estar criando malvas pero que, sin embargo, siguen vivitos y coleando… Estoy totalmente de acuerdo con Yo, es imposible que levante la cabeza sin la musculatura del cuello y el contrapeso que le proporcionaría su propio cuerpo…
Ha estado genial, tiene una mezcla de ingenuidad, romanticismo y sentido del humor
Junio 27, 2008 a las 2:53 pm
Bufff… Me has jod**** la tarde… ¿En serio que esto es verdad? ….
Me voy a coger a mi perrilla para que corra un poco por el campo…
Un saludo.
Julio 1, 2008 a las 12:11 am
¡¡Horror!! ¡¡HORROR!!
Julio 2, 2008 a las 11:35 pm
Me parece horrible que para avanzar haya que hacer tantisimo daño, si esta web va de razonable, ecológica y para mentes inquietas, debería ser siempre desde el respeto a todos los seres vivos. Alguien lo podrá entender alguna vez?
Ojalá se haga justicia.
Julio 2, 2008 a las 11:59 pm
Hola Marilo, gracias por tu participación:
Lamento te sient@s sobrecogid@ por la entrada de “El experimento Brukhonenko”, yo también tuve sensaciones similares. Es muy triste y a la vez morboso, la formas en las investigaciones del siglo pasado, tuve serias dudas de publicar la entrada pero me decidí por la plena conviccion y certeza en la utilidad de la repercusión mediática del experimento. No se si tienes algún familiar trasplantado pero te aseguro que la circulación extracorpórea le debe ciertos honores al doctor Brukhonenko. El experimento y su repercusión aceleró 20 años los progresos en esa tecnología. He buceado en multitud de webs y universidades que actualmente experimentan con animales para las industrias farmacéuticas y sanitarias, y el cuerpo que se te queda es brutal!!. Creo que el estremecimiento que has sentido al ver el video alimentará parte de la concienciación social entorno a la experimentación con animales.
Mi intención nunca fue ofenderte.
Saludos y mil disculpas
Julio 3, 2008 a las 12:10 am
q pena q me da el pobre perrito, pero fue en pro de la ciencia!…nnaaa q basura
Julio 3, 2008 a las 2:26 am
La verdad es que es bastante brutal, esas imágenes me parecieron algo fuertes en su día cuando las vi por primera vez en un vídeo de Nine Inch Nails.
A mí también me pareció horrible, pero no más que otros tipos de maltrato que existen actualmente en el mundo (incluso en España). Eso sí, como ya dije, las imágenes impactan.
Pregunta chorra: cómo se llamaba el perro?!
Julio 3, 2008 a las 4:06 am
En el sitio de la wikipedia que trata el tema existe una sección sobre la controversia generada por la película en cuanto a su autenticidad.
http://en.wikipedia.org/wiki/Experiments_in_the_Revival_of_Organisms
Coincido con el quinto comentario, parece demasiado movimiento para no tener los músculos del cuello.
Lo que realmente creo es que la investigación puede ser real e incluso exitosa pero el video fue preparado para exagerar los resultados / propaganda soviética.
Con respecto al tema de la crueldad de experimentar con animales, lo siento y es muy triste realmente, pero si se terminan salvando vidas humanas estoy de acuerdo
Julio 17, 2008 a las 11:21 pm
[...] Buceando por el blog de ciencia de microsiervos he topado con una entrada sobre el experimento de Brukhonenko, un cientifico sovietico que logro mantener con vida la cabeza de un perro, separada del resto del [...]
Julio 20, 2008 a las 9:51 am
Parece ser que un médico español, un tal J. Fernán-Pérez visitó Moscú a principios de 1929, observó la veracidad de los experimentos con cabezas de perros y escribió un artículo sobre el tema “La survivance du systeme nerveux central dans des conditions artificielles,” La Presse Medicale, vol 37, pp. 183-184, 1929. NO he podido leer dicho artículo.
Esta revista se encuentra en EBSCO pero sólo desde 1997, luego no he podido acceder a dicho artículo y leer sus comentarios. Quizás alguien pueda pasarse por una hemeroteca médica y chequear “la opinión” del “ilustre” médico español.
Julio 20, 2008 a las 10:12 am
Creo que se trata de Juan Fernán Pérez quien también escribió “Cartas a una novia,” un manual de consejos de puericultura en forma “novelada”. Perteneció a la asociación de médicos-escritores-artistas: http://www.medicosescritoresyartistas.com/marco01.htm .
Agosto 10, 2008 a las 9:13 pm
El experimento Brukhonenko…
A finales de 1920 Sergei Brukhonenko consiguió mantener con vida durante 190 minutos la cabeza amputada de un perro vivo. La cabeza del perro fue conectada a una máquina corazón-pulmón bautizada por Sergei como el “autojector”….
Agosto 24, 2008 a las 7:52 pm
que experimento tan genial!
aunque suene algo cruel esta persona es un ejemplo a seguir por lo menos para los cientificos
Agosto 31, 2008 a las 1:36 pm
¿Un ejemplo a seguir por los científicos? Yo soy científica y preferiría experimentar sobre mí misma en vez de un animal. Tal vez a largo plazo podría pensar que los resultados bien valen la pena la sangre y el sufrimiento de esos animales, pero trabajando en un laboratorio donde trabajan con palomas y ratas, veo que no existe ni la más mínima piedad por esos bichos. Se les mata porque es más barato que cerrar sus heridas y ubicarles en algún sitio. Son elementos tanto o más desechables que los aparatos, porque cuestan menos. ¿Cuántos perros tuvieron que morirse hasta que Brukhonenko logró su objetivo? La verdad es que me cuesta mucho entender que no había, que no hay otra forma de avanzar en medicina.